Más que ‘artesano’, Alberto Salcedo fue un ‘artista’. Porque cada trabajo suyo, aún cuando no tenía el final para que fue concebido era una obra de arte.


Tomamos contacto con él en ocasión de la redacción del libro para conmemorar los 110 años del MotoClub Rosario, ‘Historia de una Pasión’ y como la idea era retratar esos ‘santuarios’ donde tantos artistas de las restauraciones le dan nueva vida a motos olvidadas para transformarse en piezas de colección, fuimos hacia su taller con Emanuel Fernández, para conocerlo y hacer algunas de las tomas que ilustran este homenaje.

“Empecé a trabajar de chico”, nos contó Alberto Salcedo, quien nació en 1943 y siendo un adolescente descubrió aquello que sería su pasión. “Una vez vi un accidente de tránsito y me impactó la forma en que habían quedado deformadas las carrocerías de los autos (imaginen, vehículos de fines de los ’40: puro acero y chapa) y, en mi cabeza veía cómo debían ser sus líneas originales y el trabajo a realizar para volver a darle el volumen que ostentaban antes de recibir el impacto”, comenzó explicando el porqué de su elección laboral.

“A partir de que tuve la edad suficiente (prácticamente un adolescente), mi padre me aconsejó asistir a un taller de chapería para iniciarme como aprendiz. Pero no tuve suerte en el primer intento, el chapista que me tomó, solamente me dio una escoba para barrer el piso… ¡y yo lo que más quería era aprender a trabajar con la maza!”, se lamentaba en su relato.

“Fui a otro taller y allí fue diferente. El dueño, me entregó la llave para que me encargara cada día de abrir y cerrar la chapería, me introdujo en los conocimientos básicos del oficio y me permitió experimentar y descubrir cómo trabajar las chapas con los materiales disponibles hasta ese entonces. Y así empecé”. Con pocas palabras, quedó resumido el inicio de esta pasión para Don Alberto.

Desde aquel momento y, prácticamente, hasta días antes de su desaparición física (con 82 años), Alberto Salcedo dedicó su vida a volver a dar forma a un pedazo de metal o a sacar líneas estilísticas desde un trozo de chapa, para generar un elemento nuevo o replicar otro inexistente.

En el libro del MotoClub Rosario, ‘Historia de una Pasión’, tomamos parte de su relato, más el agregado de lo que presenciamos con Emanuel en su ámbito de trabajo y quedó este texto (Sección 5, Capítulo 27, Página 150):

Magia con tiza y martillo: “Es normal que un gran porcentaje de los tanques de combustible se encuentre en mal estado, por lo que hay que abrirlos o reemplazarlos por completo. Esa misión la debe cumplir un chapista. Al respecto, son pocos hoy los profesionales en el moldeado de chapa que pueden asumir el compromiso de realizar un trabajo cien por ciento preciso (y precioso). No es fácil. Cuando la reparación es impracticable, se debe regenerar el elemento a partir de la muestra original y, si no hay pieza para copiar, es preciso elaborarla desde una plantilla, un dibujo o una foto. Para ello, el chapista se basa en una regla o un calibre, lápiz y papel para los cálculos, tiza para las marcas y martillo para dar forma. De esta manera, fue posible recrear muchas de las piezas faltantes en varias de las motos que hoy se lucen impecablemente en cuanta caravana o reunión convoque el MotoClub Rosario como las Henderson 1918, Indian 401 de 1928 o Indian 441 de 1941 que así lo atestiguan. Pero, sin dudas el trabajo más destacado para comprender la labor artesanal de un chapista profesional fue la moto-tributo en homenaje a la victoria de Valentino Rossi en Argentina de 2015 y que, firmada por el piloto, se encuentra en exhibición en el museo de Termas de Río Hondo. Se trata de una original y musculosa Yamaha modelo 1979, equipada con un motor de cuatro cilindros, refrigerado por aire y transmisión por cadena, donde debió producirse desde un dibujo con la base del proyecto: tanque, colín y guardabarros delantero; piezas que parecen originales, pero no lo son, ya que fueron creados de la nada, como por arte de magia”.

Y eso es lo que hacía Alberto Salcedo: ‘magia’, respondiendo a cada requerimiento de sus clientes, reconocido por sus trabajos y su compromiso al cumplir con cada entrega, independientemente de su avanzada edad o de un estado de salud que estuvo muy deteriorado en los últimos años. Golpe a golpe, Salcedo cumplía con cada encargo, y su obra perdura hoy en cuanta moto clásica restaurada o moto moderna con apliques inéditos se concentra en cada reunión motociclística.

Ojalá le hubiésemos realizado este homenaje en vida. Porque ahora es tarde para decirle ‘gracias’, pero creemos que mostrando su trabajo y contando parte de su historia, compensamos en parte esa falta que tuvimos.

Prometemos que no volverá a repetirse.

Fotos y video: Emanuel Fernández – Archivo MotoClub Rosario

